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El gen patriótico marca la diferencia

Unos cuartos de final sin Brasil no son lo mismo. Sólo en cuatro de las 19 citas mundiales que llevamos hasta ahora han estado huérfanas de la afición más colorista y alegre. La última en Italia ’90. Desde entonces, dos campeonatos, una final y unos cuartos de final.

El pentacampeón tiene en su ADN el dar el máximo en el Mundial. Da igual que muchos de sus jugadores vengan de temporadas discretas, que apenas tengan cartel en el panorama futbolístico, pero cuando se ponen la Verdeamarelha la cosa cambia. Hombres como Michel Bastos, Elano, Felipe Melo o Gilberto Silva aúnan una calidad que no han tenido en todo el año y se multiplican sobre el césped. Pero por encima del aliento que les imprime la torcida, o del poco fútbol que ofrece el esquema de Carlos Caetano Bledorn Verri, más conocido como Dunga, la Seleçao cuenta con un gen patriótico sólo comparable con el que ofrece Argentina.

El Hino Nacional Brasileiro es una carta de presentación perfecta del país sudamericano. Lejos de quedarse anclados en batallas del pasado, los brasileños prefieren hacer un canto al amor por su pueblo y sus compatriotas. Quizás es uno de los antídotos para que Gilberto Silva o Felipe Melo sean un par de stoppers infranqueables, aunque hoy el del Panathinaikos estará acompañado por Josué, otro hombre limitado en la técnica, pero perfecto para contentar a Dunga. Se motivan con las alabanzas de la letra de su himno y dan mucho más de sí.

La gran diferencia con su rival de hoy es que La Naranja Mecánica ha maravillado al mundo en muchas ocasiones, pero nunca se ha alzado con el cetro mundial. Con dos grandes generaciones futbolísticas, la Oranje se quedó con la cara de tonto en 1974 y 1978, cuando cayeron frente a Alemania y Argentina respectivamente en ambas finales.

La ceremonia de los himnos es un ejercicio de nervios, motivación y que sirve para repasar mentalmente lo que habrá que mostrar sobre el campo durante los 90 minutos (o 120 más penaltis en algunos casos). Y en este sentido, mientras que los brasileños se motivan con la motivación y amor de su letra, los neerlandeses (en realidad no son Holanda, son Países Bajos o Nederland en su idioma oficial, el neerlandés) tienen que escuchar un himno en primera persona protagonizado por Guillermo I de Orange-Nassau. Este príncipe que habitó en el siglo XVI, hace un ejercicio antipatriótico en la letra de Het Wilhelmus (El Guillermo, el título del himno nacional) porque declara que tiene sangre germánica y que siempre ha honrado al Rey de España. Con esta declaración de intenciones, los futbolistas tienen difícil motivarse y creerse los mejores del mundo, ya que en su letra se mencionan a dos regiones, muy poderosas en lo futbolístico, por lo que ellos están faltos de ese sentimiento que desborda en Brasil.

En 1994 y 1998, la Seleçao echó del Mundial a los neerlandeses. En Estados Unidos con un gol de Branco en el minuto 81 para hacer el 3-2, mientras que en Francia cayeron en los penaltis tras el 1-1 en los 90 minutos reglamentarios. Eso sí, en aquella ocasión, el colegiado Ali Bujsaim de los Emiratos Árabes Unidos favoreció a los sudamericanos. Hoy, Dunga pierde a Elano y Felipe Melo, pero Josué hará de pitbull y Dani Alves sustituirá al del Galatasaray, que estaba marcándose un gran torneo en Sudáfrica. No importa quién juegue en Brasil. Todos conocen su cometido y lo van a cumplir a la perfección. Con Kaká como enganche, veremos si recupera algo de su fútbol, el gol queda para un Luis Fabiano, en racha, y Robinho, con menos puntería, pero exhibiendo clase en cada choque.

Bert van Marwijk vive uno de sus momentos más importantes de su carrera como técnico. Sólo había estado tan pendiente de los flashes cuando conquistó la Copa de la UEFA con el Feyenoord en 2002, pero estamos en un Mundial. Y este evento supera a cualquier experiencia anteriormente vivida. Holanda no está recordando a la generación de los ’70. Ni mucho menos, pero tiene mimbres para hacerlo. Tendría que haber buscado esa excelencia en la primera fase del torneo, ya que ahora ya no valen probaturas. Ahora es un todo o nada. Y, encima, el técnico de los Oranje se las ve con una Brasil rocosa, perfecta en lo defensivo y con mucha efectividad arriba. Van Persie, Kuyt, Sneijder y Robben son las armas. Todos derrochan calidad, aunque hay que ver cómo reaccionan hoy a las patadas de Josué o Gilberto Silva y si son capaces de imponer el toque sobre el engranaje perfecto de los sudamericanos.

Hay varios datos que destacar de los enfrentamientos entre Brasil y Holanda. En los tres enfrentamientos registrados hasta la fecha en un Mundial siempre uno de los dos ha llegado a la final. En 1974 fue Holanda, que dejó en la cuneta en semifinales a Brasil con Johan Cruyff al frente, mientras que en 1994 la Verdeamarelha venció en cuartos y posteriormente se alzó con el título, mientras que en Francia también derrotaron a los tulipanes para después quedar en evidencia por la exhibición de Zinedine Zidane en la final. El otro apunte estadístico a tener en cuenta es que en las dos victorias brasileñas sobre Holanda estaba sobre el césped Dunga, ahora como seleccionador, y bestia negra de los europeos, a los que les metió gol en Francia ’98, justo antes de que Ronald de Boer echase por tierra las posibilidades holandesas de llegar a la final.

A partir de las 16:00 horas (GMT+1), en el Nelson Mandela Bay de Port Elizabeth volverá a estar Dunga, volverán a vérselas Brasil y Holanda. Con la Seleçao como bestia negra de los Oranje, que desde 1978 sus dos mejores participaciones en un Mundial se han visto truncadas por los sudamericanos. Y hoy, en la tercera ocasión que acceden a cuartos desde 1978, pueden volver a hacer las maletas por otra eliminación de Brasil, por otro Knock Out de un equipo con Dunga como protagonista, de una nación que honra a sus hijos en vez de hacer referencia a otras naciones que han pisado sus tierras. Brasil tiene un gen diferente. Un amor por su patria y por sus habitantes casi inigualable en todo el planeta. Holanda siempre ha tenido grandes generaciones de futbolistas, pero en las citas importantes no sacan a relucir esa pasión y ese patriotismo que les hace correr el doble. Puede pasar cualquier cosa, pero Brasil suma a su calidad muchos quilates de sentimiento y amor por un deporte que eclipsa cualquier problema cuando la pelota rueda. El Mundial es lo máximo, y la Seleçao por algo es pentacampeona.

Posibles Alineaciones.

Brasil: Júlio César; Maicon, Lucio, Juan, Michel Bastos; Dani Alves, Gilberto Silva, Josué; Kaká; Luis Fabiano y Robinho.

Holanda: Stekelenburg; Van der Wiel, Heitinga, Mathijsen, Gio van Bronckhorst; Van Bommel, De Jong; Robben, Sneijder, Kuyt; y Van Persie.

2 comentarios a “El gen patriótico marca la diferencia”

  1. Agustin Peraita dice:

    Muchos datos para la retra

  2. Gustavo Torres dice:

    Esta sí es una previa, carajo.

    Me tardé en leerlo porque estuve muy ocupado, pero aquí te comento, gran artículo y bueno, pasó Holanda, me imaginaba lo contrario.

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